En 2025, el panorama digital presenta oportunidades sin precedentes y desafíos significativos. A medida que dependemos cada vez más de las plataformas en línea para todo, desde compras hasta servicios bancarios, la amenaza del fraude digital se cierne sobre nosotros como nunca antes. Los ciberdelincuentes siguen adaptando sus estrategias, utilizando técnicas más sofisticadas para explotar las vulnerabilidades en el espacio digital. Esta evolución del fraude plantea un grave riesgo no solo para las instituciones financieras, sino también para la confianza que sustenta toda la economía digital.
Una de las tendencias más alarmantes que hemos visto es el aumento de los ataques de ingeniería social, que a menudo están diseñados para explotar la información personal que se encuentra fácilmente en las plataformas de redes sociales o sitios de comercio electrónico. Desde esquemas de phishing disfrazados como notificaciones de entrega hasta códigos QR alterados y enlaces cargados de malware, los estafadores están perfeccionando constantemente sus métodos para dirigirse a usuarios desprevenidos.